miércoles, 21 de noviembre de 2012

...Único?

Hablar mil horas sin detenerme, sin errar, sin mirar, simplemente sintiendo como se escapan y desparraman las palabras desde mi boca. Pensar, pensarte, pensarnos, pensarme, pensaba y cómo y cuánto pesaba aquel manto sobre mi cabeza.
Es como si te tuviera en la yema de mi dedo índice y te bajaras en la comisura de mis labios, es como si tu cabello nos abrazara hasta llenarnos con su aire de indesición y mojar tu mirada de verde esmeralda.
Cuánto te quiero y cuánto te quise, y cuánto y cómo te querré nuevamente por la lejanía de tu hablar y la dulzura en tu sonreir.
Te espero ocho veces con la mirada clavada, con el alma en pedazos y un corazón exhalado, una boca llena de hermosas falacias y un rosario de exclamaciones, interrogaciones y puntuaciones.
Tanta habladuría y tanta parafernalia para concluir infinitas veces dos palabras que me estremecen, me acaloran, me irritan y me pintan por completo de azul... Dos palabras como las que pronunciabamos una o dos vidas atrás, quisiera recordar con exactitud. Las mismas dos palabras sobre las cuales se puede construir el mejor de los rascacielos y demoler la vida, el pensar y el existir de un hombre...
Cuántos pensamientos, cuántas palabras, cuántos dedos, cuántos colores... cuántos colores.