He dormido cinco veces hoy, he soñado 35 sueños diferentes,
he mirado 7 paisajes distintos, he llorado 3 veces, también.
He tomado su mirada 9 veces para besarla 16 veces, he
acariciado su vientre para hacerla reír 800 veces, he tomado su mano 2 veces para
salir a comprar y 3 veces más para llevarla a la alcoba.
He escrito más de mil palabras hoy, he inventado una
sinfonía completa en mi mente, he tomado la guitarra un par de veces para no
olvidar como se sienten las cuerdas en la yema de mis dedos, he alzado la voz
diez veces para no olvidar como suena la exasperación en mi garganta.
Le he pedido que me cante para lograr conciliar el tiempo
una vez, hace un par de años. He sentido la lluvia en mis parpados y cayendo
por mis mejillas y por mi nuca y por mis brazos y por mis piernas, he
acariciado una flor, un árbol, el pasto más de cien veces, he escrito
incoherencias por más de 5 años para desahogar el alma y he agotado cuántas
veces el mismo lápiz en mi escritorio.
He tenido que encender velas tras un terremoto, he tenido
que bañarme en un lago para arrancar dolores de cabeza, he tenido que subir a
un catamarán para cantar a voz viva y he podido besar como si se me acabara la
vida.
He logrado entonar aquella hermosa melodía, he logrado hacer
que mi madre se sienta orgullosa de mi, he logrado tomar la vida ajena como si
fuera la propia y llorar con un dolor externo al mio, distinto al mio, ajeno al
mio y he logrado reír y llorar riendo, y sufrir riendo, y reír llorando…
He despertado hoy en la mañana con todo esto en mi mente, he
mirado el techo y pensado de repente “Si estoy tan contento conmigo mismo, y he
logrado hacer tanto y salir de mi abismo ¿por qué diablos aún despierto cada
mañana como si estuviera vacío, como si fuera el mismo de antes, el que miraba
sin ser visto?”